Almeria 0 - Barcelona 8

Tras una semana en la que las ruedas de prensa, los dictámenes de los comités de Competición y diversas comisiones varias amenazaban con capitalizar el foco de la atención futbolera llevándola a un debate inane, llegó el Barça a Almería y le recordó a todo el mundo que el fútbol se juega sobre el campo, no en las salas de prensa ni en los despachos. El Barça devolvió las cosas a su sitio. El discurso regresó al verde de una manera brutal. Es ahí donde los de Guardiola se adivinan imbatibles y abusaron cruelmente del Almería en unos 45 primeros minutos prodigiosos en los que liquidaron el partido con un 0-5 demoledor. Los de Lillo eran, hasta que el Barça pisó su estadio, un equipo que presumía de lucir una de las mejores defensas de la Liga. Ayer fueron un guiñapo desde el primer minuto al último. A ocho días del Clásico, los barcelonistas, sin dar la sensación de exprimirse, aplastaron a un rival que dio la sensación de incapacidad inaudita. Propia de otra era.

En la primera parte, el Barça fue como una apisonadora que pasó por encima de los de Lillo. En la segunda, la inercia les llevó a completar la mayor goleada del Barça a domicilio casi sin querer. Y encima, la exhibición se produjo sin que diera la sensación de que ninguna de las estrellas blaugrana se exigiera demasiado. Era una goleada a velocidad de crucero. Sin acelerar y que deja un mensaje muy claro para con el próximo rival, el Madrid. Fue un exhuberante ejercicio de superiodidad.

Comandados por un Messi que parece que juega una Liga particular contra él mismo, contra sus registros y reflejándose en el espejo de un Cristiano que le motiva aún más, el Barça tardó 20 minutos, lo que dura un recreo, en liquidar el encuentro.

Aplastados.

El Almería apenas pudo oponer ninguna oposición ante un Barça que se paseó por el césped. Guardiola decidió, además, prescindir de Busquets y de Piqué, que estaba a una tarjeta de la suspensión, pensando en el partido del lunes 29 ante el Madrid. Al final, esta decisión resultó irrelevante. Podría tranquilamente el Barça haber salido a jugar con ocho jugadores. Cuando estás en racha, todo sale de cara y ayer, el Barça más que jugar un partido de Liga parecía estar midiéndose a un equipo de esos que sólo te encuentras en las giras por Asia. El detalle que marca la diferencia es que se toparon con un Barça caníbal a una semana de recibir al Madrid. Todo un mensaje para navegantes.

El Barça metió ocho goles y Villa destacó más por dar goles a sus compañeros que por su efectividad de cara a la puerta rival. Circunstancia que no supone ningún problema si en tu equipo tienes a un tal Leo Messi que ya ha superado el límite de las comparaciones con Ronaldinho, Rivaldo y Romario para equipararse a Maradona, Di Stéfano y Pelé. Sus números son realmente de otra época. Como fue la gioleada del Barça.

Los de Guardiola impusieron su superioridad de la misma manera que el Barça de Kubala, César y compañía arrasaban a los contrincantes. El Barça de Guardiola le regaló a sus aficionados un partido de otra época, aunque fuera a costa de un Almería que después destituiría a amigo Lillo.

Fuente: As.com

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Noticia enviada por: Cop

Noticia publicada: 21-11-2010

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