El Madrid gana 6 - 2

No hubo debate en el Santiago Bernabéu. No lo permitió Cristiano Ronaldo. El madridismo anda inquieto desde la derrota contra el Lyon en Champions, pero en la Liga, esas dudas las ahuyenta el portugués a base de goles, de golazos convertidos con esa pegada única y maravillosa, de velocísimas galopadas y de asistencias. El portugués sostiene al Real Madrid y todo lo que es o puede llegar a ser este equipo queda reducido a la inspiración de Cristiano, que marcó un gol y participó en otros cuatro. Así es y así parece que será. Él solo compensa el juego irregular, discontinuo y poco atractivo del conjunto que entrena Manuel Pellegrini, al que no se le adivinan dificultades para mantener el pulso al Barcelona en la Liga, pero que necesitará algo más para tener voz en Europa. En la Liga le alcanza con lo que hay, que no es poco: una defensa sólida, el equilibrio de Xabi Alonso en el centro y la efectividad en ataque. Sigue de cerca los movimientos del Barça, del que le separan dos puntos, una distancia insignificante si el rival no fuera el Barcelona. Pellegrini aplastó sin piedad a su pasado, aunque para hacerlo, su equipo se apoyó más en la pegada que en el juego.

Cristiano ilusiona a su afición con la misma facilidad que le desespera Kaká, que tiene destellos de la gran estrella que fue, pero que no logra dar continuidad a sus acciones. Son pinceladas aisladas, pequeños retazos de un genio que no logra pintar un cuadro completo. Kaká se mostró más participativo de inicio, pero en la zona equivocada, donde su influencia en el juego es nula. Se empeñó en bajar hasta el centro del campo para recibir el balón, maniobra con la que desnudó la mediapunta, la zona donde debe aparecer y hacer crecer al Madrid, y entorpeció los movimientos de Xabi Alonso, quien deber ser el encargado de iniciar la salida del balón. Un error táctico y de conceptos. Si el futbolista no lo ve, alguien debería mostrarle el camino. Es algo que se trabaja. Los dos goles que marcó sirven para engañar a la estadística, pero no para hacer olvidar la poca influencia que tiene en el juego. Convirtió el primero de penalti, después de un derribo tan claro como involuntario de Marcano a Higuaín, y el segundo se lo regaló Cristiano después de una acción individual. Los aplausos con los que le obsequió el Bernabéu cuando fue sustituido por Raúl más parecieron un intento de elevarle la moral que un reconocimiento a su aportación.

De todas las dudas sobre el juego del Madrid, de todas esas divagaciones nos saca siempre Cristiano, un futbolista excepcional que suma 18 goles en 19 partidos con el Real Madrid, una cifra sideral. Contra el Villarreal nos volvió a regalar otro golazo de falta, convertido con esa pegada tan personal y tan trabajada. Porque con ese golpeo se nace, pero sin trabajo es imposible alcanzar la perfección lograda por Cristiano. Continuó exhibiéndose durante toda la noche y acabó con el primer intento de reacción del Villarreal al poco de comenzar el segundo tiempo. Pase magnífico de Arbeloa y galopada del portugués, que arrancó en posición correcta y puso un balón perfecto para que Higuaín firmara el tercer gol.

Con espacios, Cristiano es imparable y el Villarreal nunca supo negárselos. Se sintió cómodo el portugués como pocas veces desde que aterrizó en el Bernabéu. Con tiempo para pensar y sin nadie cerca ideó la jugada que dio origen al cuarto tanto del Madrid y segundo de Higuaín. Rompió la defensa rival con un pase entre líneas a Marcelo, que subió bien la banda para poner el balón justo donde aparecía Higuaín, quien ya suma 14 tantos este curso.

La generosidad del portugués no tenía límites esta noche y aún tuvo tiempo para regalar un gol a Kaká y fabricar un penalti, cometido por Pires, que convirtió Xabi Alonso, quien se estrenó como goleador con el Madrid. Cristiano estuvo maravilloso, desequilibrante, letal en el disparo, generoso en el esfuerzo y con sus compañeros. Huyó del individualismo y puso su enorme potencial al servicio del equipo.

Con sus movimientos, Cristiano ejecutó al Villarreal y cerró definitivamente un encuentro que nunca consiguió abrir del todo el conjunto que entrena Garrido, que jugó buena parte del partido andando. Y nada le gusta más al Madrid que tener delante un rival así, manso y que trata bien el balón. La ventaja que tuvo el Villarreal es que algunos futbolistas del Madrid también se movieron andando. Reforzó Garrido el centro del campo con un trivote, esa maligna innovación táctica que alguien ideó para no dejar jugar al rival, sin calcular los efectos nocivos que provocan en el juego propio. Ni una cosa ni otra esta vez. Senna, Matilla y Bruno sufrieron para contener a los rivales y apenas generaron fútbol. Nunca conectaron con Marco Ruben, David Fuster, abiertos a izquierda y derecha, y Nilmar, aislado en ataque. Parecieron dos equipos en uno. Mejoró algo el equipo con los cambios, en especial con la entrada de Pires, que le dio ese toque y esa lucidez que no tuvo en el primer tiempo.

Los dos goles, el primero un golazo de falta de Senna, y el segundo convertido por Nilmar después una gran acción colectiva no pasaron de ser una anécdota para un equipo que este curso perdió muy pronto el paso y que en el Bernabéu pareció una sombra de lo que no hace mucho fue.

Aprovechó la comodidad del resultado Pellegrini para que disfrutaran de minutos Diarra, que ocupó el sitio del insustancial Lass, y Van der Vaart, quien reemplazó a Granero y fue recibido con una ovación. Ver para creer.

Fuente: As.com

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Noticia enviada por: Cop

Noticia publicada: 22-02-2010

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