El Madrid sigue sin encontrarse

El Madrid ha pasado de despertar ilusión a pedir paciencia. Hay que esperar, dicen los sensatos. Pero esperar a pan y agua. Porque si el equipo empezó a quedarse sin victorias, ayer también se agotaron los goles. Ya advierto que si la siguiente excusa son las lesiones, la plantilla quedará en mal lugar y antes quien la diseñó. Pero paciencia, me insisten. Y dieta. Tarde o temprano las piezas encajarán. Probablemente, cuando vuelva Cristiano. Y ese feliz día quien quedará en evidencia es el entrenador.

Muy bien por el Sporting, de otro lado. Acudió al fútbol mientras le aguantaron las fuerzas y en ese rato largo fue superior al Madrid. Luego, cansado de tanto perseguir, cedió metros para apretar filas en torno al portero y los centrales, notables los tres. Pero no sufrió tanto el anfitrión, ni en ese asedio ni en el tiempo anterior. Se puede calcular contando las hazañas de Juan Pablo: dos. La primera se dibujó con un tiro de Kaká (17') que le obligó a estirar el espinazo y la segunda (52') al repeler un remate de Granero en la mejor y única jugada memorable del Madrid. El resto fueron balones altos, bajos o desinflados, melones, calabazas y otras cucurbitáceas.

A falta de goles, el desarrollo de la primera parte del Madrid nos permitió emborronar la pizarra; luego la tiramos al mar. De inicio, expectación: como consecuencia de las bajas se proponía un esquema diferente, con Kaká y Raúl en punta y dos centrocampistas, Granero y Drenthe, abiertos en las bandas, más libre uno y más vocacional el otro. Añadan un doble pivote de creación y quite, Xabi y Diarra, y dos laterales más acompañados.

Kaká.

El experimento fue desigual. Fracasó cuando Raúl ejerció de enganche y abandonó a Kaká en la posición de ariete. Y aunque mejoró levemente cuando el brasileño se inclinó a los costados, a este escriba le parece un crimen reducir tanto la participación de Kaká y limitar así su zona de influencia.

Después de un par de destellos por las inhóspitas bandas, el mediocampo volvió a encallarse. Le asfixia la presión adelantada, sólo eso. Y el problema sugiere falta de dinamismo, de apoyos y de entrenador. De los laterales señalaré poco porque sus movimientos son conocidos: laxos en defensa e irregulares en ataque.

El Sporting disfrutó de sus mejores momentos entrando por los extremos, disfrutando de las bandas del rival. A las incursiones de Castro y Morán sólo les faltó un rematador y les sobró Pepe, discretamente acompañado por Garay. Con todo, De las Cuevas anduvo cerca del gol, especialmente cuando con un regate elemental eliminó a Marcelo y encaró a Casillas.

El Madrid creció al aclarar los papeles de Kaká y Raúl. También le ayudó el cansancio enemigo. La entrada de Guti por Drenthe tuvo menor influencia, como tampoco se advirtió el relevo de Van der Vaart por Xabi Alonso, lesionado y aniquilado por el sistema.

El partido es crudo en las conclusiones: Raúl no es la solución universal, el entrenador no aparece y el equipo que le endosó once goles al Sporting la pasada temporada salió ayer de El Molinón en blanco. Lo sé: paciencia.

Fuente: As.com

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Noticia enviada por: Cop

Noticia publicada: 25-10-2009

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