Real Madrid 8 - Almeria 1

Cristiano alcanzó el gol 40. 'Hat-trick' de Adebayor. Doblete y gran partido de Benzema. El octavo tanto fue del canterano Joselu, que debutó ayer

El madridismo no hubiera podido imaginar un final más feliz. Cristiano logró su cuadragésimo gol, cifra redonda e imponente, tanto como los 102 goles conseguidos por el equipo en la Liga, Benzema completó el mejor de sus partidos de blanco y es muy probable que el hat-trick de Adebayor le asegure su continuidad en el club. Hasta Dudek fue despedido ayer con honores militares aunque se pasó la guerra en la reserva.

Hay que admitirlo. Desde la eliminación de Champions, el Madrid se ha reinventado muy positivamente. Con Mourinho callado y Karanka en sordina, sin la tensión de los puntos, hemos recuperado al Madrid feliz, al atacante, al vertical, al que sólo se expresa sobre el campo. Es innegable que faltan alternativas al juego vertical y de contragolpe, pero ya hay suficientes méritos para registrar un estilo. En el fondo, si el entrenador asume la naturaleza del equipo, lo que queda es aprender a frenar en las curvas.

Pero ordenaremos el relato por el rango de los actores. Para empezar, el Pichichi histórico. Zarra fue olfato, según dicen. Hugo fue instinto, según vi. Cristiano es la misma esencia, pero en cuerpo de pantera. La superioridad física resulta fundamental para entender su juego y para razonar sus goles. Hay quien llega antes porque piensa antes; Cristiano llega antes porque corre más. Y porque salta más y porque allí, en el aire, se queda suspendido, un rato. Pero su fuerza natural no lo explica todo. El mundo, y el fútbol, se encuentra repleto de atletas mansos y de talentos distraídos. Cristiano es, además de las virtudes expuestas, un obseso. Un picado, que se dice ahora. Una especie de vengador de sí mismo. Muhammad Ali se hizo boxeador porque alguien, cuando era niño, le robó la bicicleta. Luego se pasó la vida dando puñetazos al ladrón. Pues eso, precisamente eso (una bici, un balón, un insulto), ha traído hasta aquí a Cristiano, 40 goles en Liga y 53 en el total de la temporada. Los que logró ayer ya están catalogados: remate en el segundo palo, el primero, y carrera directa al gol, el 40º. Sólo ese tanto le sació, levemente.

Adebayor fue el siguiente protagonista. Marcó tres goles de empujarla, dicho sea sin faltar, y así reivindicó tanto su habilidad como oportunista como su impagable aportación a la alegría del equipo. Es un hecho: desde que llegó él, el Madrid sonríe más. Si la felicidad importa, que siga. Benzema no se quedó atrás. Además del par de dianas, estuvo interesantísimo en todo lo que ocurría, maravillosa noticia para quien tenía en la desidia su principal defecto. También él quiere seguir y sería poco inteligente que otro equipo se aprovechara de tanta paciencia empleada.

Cierre. Y el final. Qué decir del Almería. Se presentó como un expulsado del paraíso, con la nostalgia de aquellos que no saben si volverán a pisar alfombras tan mullidas. Hubo breves momentos en que no pareció merecedor del descenso y hubo tramos, más largos, en que pareció habérselo ganado a pulso. No era su fiesta, no seamos crueles. Era la del Madrid, la de Joselu, que debutó a lo grande, la de un equipo que anoche lo ganó todo, hasta un partido.

Fuente: As.com

Noticia enviada por: Cop

Noticia publicada: 22-05-2011

Noticia En Fútbol vista: 1175 veces

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