Un Madrid soberbio

El madridismo está entrando en éxtasis. Ha abrazado un nueva religión que sólo conoce un profeta, José Mourinho, el elegido para iluminar y guiar a este pueblo blanco que viaja en una nube de felicidad, que está en la gloria. El Real Madrid continúa con esa progresión casi matemática, calculada por Mourinho que ha convertido al equipo en una roca impenetrable y casi indestructible. Primero echó el cierre en defensa, hasta convertir el área de Casillas en una casa deshabitada, con las telarañas acumulándose en la portería. Cuatro goles encajados en ocho jornadas es una cifra fabulosa. Después logró el movimiento armónico de las piezas de ataque, sujetado todo con el equilibrio que da al conjunto en el centro del campo el maestro Xabi Alonso, escoltado por Khedira, que está haciendo un curso acelerado junto al internacional español. El siguiente paso es triturar a cuantos rivales se le crucen en el camino. La última víctima ha sido el Racing, que no hizo ni cosquillas al Madrid y se llevó del Bernabéu media docena de goles, como bien podría haberse llevado un buen puñado más. Entre Di María, Cristiano Ronaldo, Higuaín y Özil resolvieron el choque en un cuarto de hora. La actuación de Di María y Cristiano fue más que sobresaliente.

Estos jugadores creen en una idea, creen en su entrenador, están convencidos de lo que hacen y saben que detrás de las palabras del técnico, de su trabajo y de su obsesión por la perfección encontrarán el éxito, los títulos. En definitiva, la felicidad, que no debe confundirse con la euforia, que invita al descuido y a la pereza.

Contra el Racing, al que desactivaron con una presión tan intensa como inteligente y profunda, ofrecieron su mejor versión del curso. Dieron una lección de fútbol vertical, ejecutado al primer toque y a una velocidad de esprinter. No se trata de renunciar al juego elaborado, que algo de eso también se vio, sino de renunciar a la pausa, de no dar un respiro al contrario. Cada duelo con el Madrid es una prueba de resistencia física y quien no sea derrotado con argumentos técnicos, caerá por agotamiento.

Cuanto más rápido juega el Madrid más letal es. Y en ese hábitat encuentran el paraíso Di María, Cristiano, Higuaín y hasta Özil, que con espacios se sienten tan felices como imparables. El Racing se presentó en el Bernabéu con cinco defensas para negar esos espacios al Madrid y lo que hizo fue concederle una autopista, una alfombra roja directa al gol.

Y quienes más lúcidos estuvieron entre tanto virtuoso fueron Di María y Cristiano. El primero encendió las luces del equipo y el segundo fue el brazo ejecutor. A Di María se le vio más alejado que de costumbre de la banda derecha y completó su mejor actuación vestido de blanco. Se retrasó y pasó a convertirse en un distribuidor de juego tan brillante como inesperado. Se atrevió a competir en el arte del pase con Xabi Alonso y salió tan bien librado del duelo que el primer gol nació de un espectacular pase del argentino a su compatriota Higuaín, que no afeó el envió del 'Fideo' y definió a la perfección en el mano a mano.

El reloj sólo había consumido diez minutos y ya se anunciaba la catarata de goles que le iba a caer encima al Racing. Al cuarto de hora apareció Cristiano para marcar el primero de sus cuatro tantos, a pase de Higuaín. El Racing fue incapaz de echarle el lazo a ese potro desbocado que era el Madrid, que con todo solucionado no bajó el ritmo y siguió trabajando con la misma intensidad, mostrando una voracidad insaciable. Volvió a surgir Di María para robar un balón en su campo y enviárselo a Özil, que no encontró oposición en la banda derecha y combinó con Cristiano para que hiciera el tercero de la noche.

Tuvo un respiro el Racing hasta el descanso, pero al salir de los vestuarios, el equipo de Miguel Ángel Portugal fue abofeteado sin piedad y sin ningún disimulo. Había retirado el técnico de los cántabros a un central, Torrejón, para dar entrada a un delantero. Cambió el dibujo, pero desconocemos los efectos beneficiosos que pudiera haber tenido esa medida, porque a los dos minutos de la reanudación se volvieron a reunir Di María y Cristiano para fabricar el cuarto del Madrid y tercero del portugués.

Quería más el público y más le dio el Madrid. Un penalti a Di María lo transformó Cristiano, que por primera vez en su carrera marca cuatro goles en un partido, y Özil se apuntó a la fiesta después de un magistral pase de Xabi Alonso. A esas alturas, los futbolistas del Racing eran unos espectadores más, dolientes espectadores.

Llegó después el momento de las pruebas y los premios. Retiró Mourinho a Özil, Higuaín y Marcelo y dio minutos a Canales, Benzema, al que el Bernabéu le regaló más de una pitada, y Pedro León. Con la salida del brasileño, Di María pasó a actuar de lateral antes de terminar lesionado y dejar a su equipo con diez en los últimos cinco minutos.

No había consuelo posible para el Racing, que apenas sonrió con el gol de Rosenberg, que desvió sin querer un latigazo de Diop.

Fuente: As.com

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Noticia enviada por: Cop

Noticia publicada: 23-10-2010

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