Zaragoza 1 - Real Madrid 2

Cuando clamábamos en el desierto empachados de victorias sin historia (sólo goles y puntos), no hacíamos otra cosa que echar en falta este Real Madrid. El dominador, el decidido, el obseso. Ese que en la misma noche parece capaz de ganar cuantos partidos se le presenten. Lloviendo piedras o codazos, con viento favorable o con huracán en contra. Un equipo, por fin, por encima de las excusas.

Para el Madrid, el valor del choque (término nunca mejor empleado) es que incluyó todas las pruebas posibles, de las físicas a las anímicas, también las futbolísticas. Pegó tanto el Zaragoza, y tan a deshora, que el primer mérito fue ignorarlo y seguir jugando a la pelota. De eso se murió el anfitrión, por cierto, y ya hemos visto suicidios similares. Imagino que todo parte de un mal diagnóstico: perdemos por blanditos. A eso le sigue un discurso desmedido y un auditorio muy disciplinado; el siguiente problema surge cuando quien pide salir con agresividad olvida fijar dos límites: el temporal y el médico.

El resultado es que el Zaragoza se perdió en una dureza impropia y apenas salió de allí. Cuando lo hizo, a partir del gol de Colunga, vislumbró un partido que, de prestar más atención al fútbol, podría haber sido competido. No albergo, sin embargo, muchas esperanzas de que el mensaje haya sido captado. La experiencia nos indica que quien pegó un día al siguiente suele basar su alegato en la ausencia de huesos fracturados, que esto es para hombres, como el brandy.

La relación de incidentes acepta un almanaque, pero haremos un resumen. Diremos para empezar que Contini ayer no tenía brazos, sino aspas de molino. Al minuto ya había interceptado a Higuaín en el área. A los 19' atacó el desmarque de Cristiano con un codazo a la yugular que merecía roja, la que vio por repetir suerte ante Higuaín.

Ander.

Ponzio se sumó al combate, sospecho que con cierto entusiasmo, y sorprendió más la presencia de Ander, por joven y buen futbolista. Que la frustración de los mediocres derive en agresividad es humano (el lado oscuro), pero que atrape a quien tiene talento es un insulto contra los mortales.

Entretanto, el Madrid no sólo hacía por jugar; también vivía peripecias que le acercaban al triunfo. La lesión de Van der Vaart dio entrada a Raúl, que chutó al palo para presentar currículo. Casi al mismo tiempo se lesionó Suazo, aunque el Zaragoza no sintió como una oportunidad el ingreso del ágil Colunga. Le ocupaban otras tareas.

Al poco de empezar la segunda mitad, Raúl adelantó al Madrid. El prodigio es que llevaba minutos cojeando y ni la evidencia le hacía pedir el cambio. Debía intuir algo, como si fuera un comanche. Y tenía razón. Después de dos tiros de Higuaín y Cristiano y dos magníficas paradas de Roberto, Raúl marcó el gol que se le resistió hace 16 años. Luego se fue como un héroe.

Colunga empató y recuperó el argumento del fútbol. Eliseu se convirtió a esa fe y el Zaragoza vivió su momento de redención. Hasta que en ese trance místico irrumpió Kaká. Cuando todo le condenaba, decidió salvarse y se salvó. Recibió un pase de Cristiano y marcó fácil. Por si alguien lo dudaba, Kaká es bueno; mucho, diría yo.

Fuente: As.com

Noticia enviada por: Cop

Noticia publicada: 26-04-2010

Noticia En Fútbol vista: 1155 veces

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