Sevilla 2 - Real Madrid 6

El Madrid se paseó por el Pizjuán y goleó con gran facilidad a un débil Sevilla. Con este triunfo retrasa el alirón del Barça. Marcaron Cristiano (cuatro), Ramos, Kaká y Negredo (dos).

El Real Madrid cuando actúa liberado es un buen equipo. Despojado de complejos y de ataduras tácticas llega a ser un conjunto divertido y nada antipático. Cuando va de cara, con el balón en los pies y se decide a jugarlo en vez de patearlo, devora a sus rivales. Todo ello sin perder el orden, la concentración y la intensidad que le han convertido en un equipo tan competitivo. Y si, además, tiene delante un rival distraído, como el Sevilla, el encuentro se convierte en una feria que empieza y termina cuando decide el Madrid.

Anuló al Sevilla y resolvió el encuentro en el primer tiempo. Fue una cuestión sencilla, un ejercicio de precisión, brillantez y contundencia para el que no encontró oposición. Da gusto ver al Madrid en estas situaciones, cuando todos los ojos se fijan en las habilidades de sus futbolistas y nadie se preocupa del árbitro. Se habló sólo de fútbol y se agradeció, porque lo que no debería ser más que un ejercicio de saludable normalidad, nos parece una bendita extrañeza. Así está el fútbol.

Cuando el Madrid se pasea por un campo con la facilidad que lo hizo en el Pizjuán, siempre surge el debate de si es por sus méritos o por la debilidad del rival. Pues de todo hay. Fue tremendamente superior el Madrid, que jugó e impidió que lo hiciera el Sevilla, que también es cierto que no estuvo a la altura. Se esperaba más del conjunto de Manzano, al menos un mínimo de oposición en alguien que se está jugando su pasaporte para jugar la próxima campaña en Europa. Ni presionó, ni supo juntar sus líneas para cerrar espacios, ni defendió los balones aéreos, ni supo cortar la línea de creación de juego del Madrid.

Consiguió seis goles el Madrid, pero pudieron ser más, porque marcó exactamente los que quiso. Mientras, su defensa vivió uno de los encuentros más plácidos que se recuerdan. Pepe volvió a su sitio, que está en el centro de la zaga y no en el centro del campo; Lass y Xabi Alonso formaron un mediocentro que aportó equilibrio, contención y creación y la presencia de Benzema hizo aún más incomprensible su ausencia en los clásicos. Tan sencillo lo tuvo el Madrid que hasta Kaká se animó a intentar jugar y puso su firma a un buen gol.

Enfrente un Sevilla raquítico, sin espíritu ni juego que además sufrió nada más empezar la lesión de Fernando Navarro, lo que obligó a Dabo a actuar como lateral izquierdo. Hay días que uno debe acostumbrarse a vivir del revés. Pero tampoco Sergio Sánchez, Fazio y Escudé fueron capaces de aportar seguridad y contundencia. En el centro del campo, Capel, Zokora, Medel y Romaric navegaron a la deriva en el primer tiempo y sólo sacaron la cabeza del agua al comienzo del segundo, cuando se reorganizaron y se hicieron durante unos breves instantes con el control del choque, ayudados por la relajación del Madrid, que renunció al balón y buscó con descaro el contragolpe. Agradecieron también Kanouté y Negredo ese giro que dio el encuentro y que les permitió tener los pocos momentos de disfrute que tuvieron en toda la noche. Fue breve.

El control del Madrid fue absoluto en la primera parte. No tuvo respuesta y tampoco la admitió. Pasó por encima del Sevilla, que tuvo suerte de irse al descanso con sólo tres goles en contra. Cada córner era una amenaza de gol. Avisó nada más empezar Benzema, continuó la advertencia Cristiano y a la tercera ya no perdonó Sergio Ramos, que marcó de cabeza un córnero sacado por Özil.

La exhibición del Madrid continuó con un remate de Cristiano al poste y la completaron el propio portugués y Kaká con dos tantos antes de irse a descansar al vestuario. A la media hora, un pase de Marcelo lo devolvió Pepe con la cabeza al centro, después de un salto prodigioso, y Cristiano apareció para marcar, escoltado por Kaká y Benzema, atentos a la jugada. El tercer gol del Madrid lo firmó Kaká, con un balón bien tocadito hacia el rincón de la portería de Varas.

Se tomó un respiro el Madrid al comienzo de la segunda parte y el Sevilla se lo creyó. Fue un engaño con el que el Madrid terminó de acribillar a goles a su rival, que durante unos breves minutos pensó que la iniciativa era suya. La distracción del Madrid coincidió con sus dos primeros cambios, con la entrada de Adebayor por Kaká y de Albiol por Xabi Alonso. La presencia de Adebayor sirvió para alborotar el ambiente y poco más, mientras que Albiol cumplió en su labor como pareja de Lass en el mediocentro.

El nuevo panorama lo aprovechó Negredo para marcar. La respuesta que le dio el Madrid fueron tres goles más de Cristiano Ronaldo, que se divirtió como un niño con los espacios que le dio el Sevilla y con los que le generó Benzema, tan dispuesto a jugar para él como para sus compañeros.

El encuentro se fue diluyendo entre la amenaza a un castigo todavía mayor por parte del Madrid y los tímidos intentos del Sevilla por disimular la contundencia de la humillación. En esa lucha, el segundo tanto de Negredo no pasó de una simple anécdota.

Como no llegó a pasar de una anécdota un mal gesto de Arbeloa, que con el balón fuera del campo le dejó la pierna a Dabo, en un acción tan absurda, como fea e innecesaria. Pero sobre todo, fue un gesto poco inteligente que retrata a quien lo comete. Como quedó retratado Romaric al disfrazarse de vengador para ir a recriminar su acción a Arbeloa.

Se terminó ahí un partido en el que no hubo debate posible por la enorme diferencia entre Sevilla y Real Madrid, que con esta goleada retrasa el alirón del Barcelona.

Fuente: As.com

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Noticia enviada por: Cop

Noticia publicada: 08-05-2011

Noticia En Fútbol vista: 1621 veces

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